Probablemente no tenga sentido esto que escribo. Pero tengo ganas de decirlo. Aunque sólo sea de desahogo, de despecho, de capricho. Después, si alguien lo lee o, mejor aún, si a alguien le llega lo que digo y escribo, mucho mejor. No tengo este espacio para bajar línea política, ni lo voy a hacer ahora. Es simplemente el reflejo de mi pensamiento en un momento que, a mi entender, vale la pena expresarlo.
Mañana es un día importante. No tanto, quizás, como otros; pero sí mucho más que la mayoría. Mañana hay elecciones en nuestro país y siento que la decadencia electoral y política es en este momento mucho mas explícita que en otros. Tal vez no sea así, y este sea un momento de decadencia análoga a la de otras elecciones, pero hoy al menos la puedo ver de manera transparente.
Todos conocemos (todos los que abrimos minimamente los ojos) los actos de clientelismo de algunos inescrupulosos, de algunos gérmenes de la política que insisten en el asunto de tratar a la población (sobre todo a los espectros mas precarios económicamente hablando) como un número y quitarle todo valor humano sólo para tener un voto (o 30 mil, o un millon) más. Mucho menos denunciado y menos tratado de lo que debería ser, el clientelismo se constituye en una enfermedad terminal para la jóven democracia que algunos queremos ver bien, sana. Sin embargo, este no es el aspecto patológico que quiero señalar, al menos en este momento.
El desinterés es un karma que arrastra esta democracia y como una bola de nieve crece cada bienio más y más. El desinterés de los jóvenes (de gran porcentaje de nosotros) es alarmante. Y esto no es responsabilidad de Internét, de Facebook ni de la yerbamate con bajo contenido de polvo. El desinterés no es causa, es efecto. El desinterés fue construido desde arriba hacia abajo, hablando en escalas políticas y económicas. Es un trabajo de años, de gobiernos enteros, facilmente precisables.
Todo se concatena, inversamente: crisis de representatividad, crisis de legitimidad, nulidad de educación política. La política es en muchas escuelas primarias un tema tabú, asi como también en la educación familiar. Este desinterés es heredado de generación en generación y nadie hace nada porque tal situación es funcional al dominio de aquellos que nosotros creemos que nos representan. Ojo, este no es un mensaje anárquico de “no a las instituciones”, “no votes”, etc.. Es un mero llamado de atención, a replantearse aquella responsabilidad que nadie eligió pero que como tal debe ser cumplida con criterio.
Criterio es no votar al cartel mas lindo, al spot mejor producido, al que dice ser mas progre, al mas anti o al mas simpático. Criterio es estar informado, es darse cuenta que una elección no es un acto comercial en el que alguien me está vendiendo un producto lindo y yo lo compro. No es un shopping, es la democracia, loco. Porque en el estado de las cosas Juancito Perezlindo dice “vamos a hacer las cosas bien, no como estos que están”, y ese simple discurso, adornado con millones de pesos en spots, afiches, y otros tipos de propagandas algo menos directas, gana. Y elegir al cartel mas lindo es una irresponsabilidad grande como una casa. Y elegir pensando en el bolsillo de uno (¡y que una campaña se base en eso!) es igual de erróneo. Y no tener memoria es la peor de las desgracias.
Interés no es necesariamente militancia. Las estructuras partidarias son fácilmente reprobables y repudiables. Interés es respeto, hacia el grueso de la población, hacia uno mismo y hacia quienes hicieron alguna vez algo para que hoy podamos decidir. Eso, simplemente: poder de decisión. Algo que paulatinamente, de maneras explícitas o sutiles, nos han quitado. Pero la reversión no va a llegar de arriba, como el gérmen. Unicamente se logrará desde adentro. Y el adentro cambiará y subirá, y desde un lugar de decisión luego propagará el cambio verdadero hacia los sectores de resistencia (resistencia negativa, claro). Recién entonces podremos hablar de una verdadera democracia.
Debo haber sido muy desprolijo en la exposición que intenté hacer. Pero el motivo de tal redacción es la bronca que me nace de ver como ciertas figuras inconmensurablemente cínicas pretenden cooptar a la población mediante todos los medios posibles, excluyendo al de las ideas, claro. Estamos siendo extremadamente subestimados como electores, y como seres pensantes, y eso es algo que genera impotencia. Es esa sensación la que quiero expresar; no transmitir, claro. La mia es una impotencia doble porque el día de mañana no podré acudir a mi ciudad para emitir sufragio. Desde mi lugar en este momento, por circunstancias menores pero determinantes, no puedo dar mi voto a quien en verdad, creo, se lo merece.
Por eso me explaye en estas líneas. Ojalá en algun momento tenga la capacidad de contagiar, por ahora, simplemente espero que quien lea esto sepa mi lectura de la situación, y si quiere sentirse identificado, mejor. Y si quiere contagiar a otros, mejor. Y si quiere llevar a cabo la revolución, excelente. Pero por ahora, es algo tan simple como el interesarse.
Suena utópico. Todo proyecto transparente de gobierno suena utópico en el estado actual de las cosas. Pero esto no tiene que ser razón para dejar de dibujar tales quimeras y de ser posible, actuar en consecuencia.