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Degradé

que el tren que el viaje que el calor que el sol que el río que las lagartijas iguanas serpientes que las rocas que la noche que la verdadera noche que las estrellas todas ellas que la tormenta recibiéndonos que la crecida que la mudanza que el río que el aire abrazándonos que el afecto que la energía que la gente que la comunión que la comunidad que el comunismo que el aislamiento que la burbuja que el oasis que la paz que inséctos inséctos inséctos y cuál de todos es éste y cuál de todos éste otro y movámonos que acá hay sombra y que la mudanza y que la belleza y que la paz y que el río y que el camino y que el sendero y qué lindos dos kilometros y qué bello lugar y que la olla y que la cerveza y que el éxtasis y que no es la píldora sino el clímax ese de los sentidos y que no todo tiempo pasado fue mejor y que no es conocer sino asentarse y sentirse enamorado del extrañamiento mismo que genera este bello contraste y que el tren y que la promesa de volver

y que la babilonia y que el paisaje a Libertador y que ese calor que no es aquel otro y que los pon-pon y que el cable a tierra que hace mucho no es tierra que la inmensidad inconmovible y que ese aire que te cierra el pecho y que el bronqueodilatador y que los ojos arden y que el ruido y que las cajas y que la necesidad de las mismas y que la responsabilidad y que la información y la incomunicación y que el gris tirando a negro y que el sistema y que la competencia y que la miseria y que la indignación y qué indignación y que hay que hacerla cuerpo práxis fuerza empuje contagio y que estamos cagados y que la violencia va a ser necesaria y que los lazos y que el llanto y que qué pasa y que extraño extrañarme y que el tren

y que la unión y que el desgarro

y que

Eduardo Galeano

Hace poco finalicé una lectura muy postergada. Postergado no su comienzo, sino justamente su finalización. Un proceso que entre abandonos y reencuentros, destiempos y aceleres, llevó, tiempo más tiempo menos, un año y medio. Me refiero a Las Venas Abiertas de America Latina.

A continuación les dejo un video que descubrí hace poco, que ya está agregado de manera fija en la columna lateral del blog. En el mismo el autor de dicho ensayo, Eduardo Galeano, nos brinda una mini conferencia acerca de lo lindo que es este mundo democrático.

Con ustedes, Eduardo Galeano:

II

la puñalada fue certera
no por la fuerza
no por el filo de la hoja

su fatalidad es su inmanencia

la
puñalada
nació
adentro.

I

para élla.

Te quiero (para mi).

Nunca pronunciábamos los paréntesis.

Seguramente por algún riesgo que no queríamos correr.

.

No creo que el resto haya sido tan espontáneo.

La casualidad sólo fue el comienzo.

Gracias.

(in)Credulidad

ó Los libros de la buena memoria

“El supuesto archivo de las fotocopias devuelve extrañas criaturas” dice Cortázar acerca de la memoria. “La memoria -sigue- semeja la araña esquizofrénica (…) que teje telas aberrantes con agujeros, zurcidos y remiendos”. Asimismo, hace referencia al carácter colectivo (social) de la memoria, en contraposición con un supuesto carácter de inmanencia individual. Esos agujeros se producen constantemente, dejándo atrás recuerdos quizá no desados (no queremos entrar en terrenos del psicoanálisis) o, por qué no, algún que otro dulce momento que por un tropezón en el caminar de la vida o una mera distracción han quedado rezagados en el sendero del recuerdo. Estas decisiones de la mente sin duda han de estar condicionadas por contextos, vivencias, coyunturas de la praxis cotidiana.

No obstante, cabe aclarar que en la vida de cada individuo se producen sucesos que imprimen un poder de resistencia de carácter y dimensiones mitológicas, inmunes categóricamente a cualquier tropezón, distracción o acción perjudicial del paso del tiempo que pueda significar al menos un grado de opacidad en la memoria de los participantes/testigos. Todos y todas tenemos recuerdos de la infancia, de la adolescencia o -en mayor cercanía temporal- de la adultez, que no demoramos en recordar nítidamente; no necesitamos ni cerrar los ojos para que esas imágenes se nos presenten nuevamente ante nosotros, junto con las sensaciones que en su momento se sintetizaron en nuestra piel y en nuestro alma.

Aquí debo establecer una bifurcación: muchos de estos momentos “bisagra” ,si se quiere, son reconocidos como tales con el paso del tiempo y el peso simbólico que el mismo le otorga. En este aspecto, entonces, podemos decir que muchos de los grandes momentos de la adolescencia, por ejemplo, son recordados con frecuencia pero motivados por mandato de la nostalgia, o la puesta en práctica del “todo tiempo pasado fue mejor”.

Mañana es mejor.

El otro camino de la bifurcación nos lleva, bajo este lineamiento, a los aconteceres que en el momento de su gestación/ejecución ya implican un peso valorativo de tal amplitud que no hace falta ningún proceso posterior para adjudicarle tal importancia; es en el instante de la acción (o lo que sea que componga tal momento) donde la misma se talla como si fueran duras cinceladas sobre roca maciza.

***

Creo que el proceso se fue dando paulatinamente, aunque no desde el principio al fin. La progresividad fue hasta cierto punto, temprano por cierto; más no precisaba para dar cuenta de la envergadura de lo que estaba frente a mi. Para colmo, afectos a diestra y siniestra.

La brisa fresca ya agredía de a poco nuestros cuerpos; pero los estremecimientos mas grandes vinieron después. La demora no fue problema para nosotros, que ya tanto habiamos esperado y que no terminabamos de imaginar lo que se estaba inaugurando delante nuestro.

Entonces creí haber escuchado algún sonido de brindis desde el más allá. Seguramente condicionado por mi deslumbramiento, no creo ni que los dioses del Olimpo se hayan querido perder esto. Intuyo, incluso, que fue por su regocijo e inmensa felicidad que nos regalaron una luna como nunca la habíamos visto: amarilla -o naranja, no soy bueno para eso de los colores- y llena, seguramente, de placer. Hasta varios alcanzaron a apreciar de reojo una estrella fugaz, otro bellísimo regalo de la noche.

Ese encanto celestial, ese fulgor cósmico no sólo estuvo en las alturas, en los cielos. Ese esplendor estuvo plasmado en ese escenario, tan chico que quedó luego de tanto gigante transitándolo; estuvo materializado en un hombre . Un hombre con el poder de gestar un momento de esos que quedan, que resisten cualquier contraataque y nunca dejan su lugar de privilegio en la memoria de sus testigos.

Este es el tipo de sucesos de mayor peso entre todos los de su clase. Basta con estar presenciándolo para ser consciente de que uno está presenciando algo más que eso que uno está viendo; que uno esta asistiendo a una página entera de la historia. Casi que se puede ver como las letras se fijan en un papel invisible sobre las cabezas espectantes, primero, atónitas, después, e incredulas, poco mas de cinco horas más tarde.

En ese marco, cada vez que ese momento sea convocado al presente, me atrievo a arriesgar que muy dificilmente no llegue acompañado de un nuevo estremecimiento, sumándose a la interminablemente cantidad que hubo una vez, un cuatro de diciembre de dos mil nueve, muy, muy entrada la noche.

¿Quieren rock?…

…bueno, acá lo tienen:

En esta ocasión, dejo de lado el disfraz de escritor, busco en mi ropero de funciones y encuentro una nunca desarrollada – en profundidad, al menos -: la de difundir materiales que no surgieron de mí, y que en tanto tales, seguramente, sean un poco más interesantes.

Les acerco una carta abierta del músico Botafogo (busquen por ahí si no saben quién es, lo de difusión no es para tanto tampoco) escrita a raíz de un nuevo desenlace trágico de lo que debería haber sido simplemente un recital de “rock”. Sin más, les dejo la carta, algo violenta de por sí, pero que me pareció interesante compartir con ustedes.

Carta abierta de Botafogo

“Yo, Don Vilanova, más conocido como Botafogo, en honor a mis cuarenta años de ruta junto al rock y el blues y a mis libros de enseñanza de música que han influenciado a varias generaciones de músicos, muchos de los cuales forman parte hoy de lo más valioso de la escena del rock actual: declaro responsables y culpables de la muerte de ciento noventa y ocho personas en Cromagnon y del cráneo destrozado de Rubén en Vélez, a las empresas discográficas, medios gráficos, radiales y televisivos, managers y representantes, que dieron difusión a grupos de mierda integrados por pseudo músicos horribles e hijos de puta que desde sus canciones y sus escenarios hablan de que está todo bien con el descontrol, la autodestrucción con la “merca”, el “paco”, el alcohol, los psicofármacos…

Ellos cobran dinero de SADAIC, regalías de la venta de sus discos, dinero fresco en sus shows… pueden robar un remís en Rosario y entrar por una puerta de la comisaría, firmar un autógrafo al comisario y salir por la puerta de atrás como si nada grave hubiera sucedido… Pueden salir al escenario con un porro de paco colgando de sus labios dando un ejemplo a sus seguidores que no están cubiertos por SADAIC, por una empresa discográfica multinacional, que no tienen una obra social como la de SADAIC o la de SADEM, que no tienen un mánager que les va a procurar un buen abogado… son muy injustos, muy cínicos, y muy poco concientes de lo que están haciendo… ¡Ustedes son culpables y cómplices de estas desgracias!
¿Vieron ustedes el bochorno de Pity “cantando” (graznando desafinadamente ) con Fito Páez? … ¿¡Qué mierda es eso!? ¡¡¡¡¡Eso es pura bosta!!!!! Sin embargo goza de la aprobación y la difusión y de los favores de quienes acuso más arriba… ¿Y los Callejeros? ¡¿Qué es esa basura?!… ¡¿Por qué difunden esa mierda que ni siquiera puede ser considerada música mala?!

Recientemente pedí apoyo al Zar del rock y pop porteño para un show mendigando un poco de difusión y como respuesta recibí un: -“No me interesa porque vos tocaste con Petinatto”- ¿¿¿¡¡¡ !!!¿??

Yo en mis temas hablo del amor, de los sueños, de las estrellas, de los vínculos, de la introspección, de los átomos, de la magia y el misterio de la vida, de volar con la mente, de imaginar un mundo mejor… y me veo obligado a andar mendigando un poquito de difusión…

Si ustedes difunden a Pity, a los Callejeros, y a un montón de grupos más que bajan línea de que está todo bien con el reviente -aunque algunos de ellos envían mientras tanto a sus hijos a colegios de curas (¿¡!?) y ostentan símbolos nazis como adornos de sus escenografías-… ustedes son cómplices de difundir el consumo de paco, merca, alcohol… ¿de qué lado están?… ¿qué ganan ustedes con esto?… ¿qué oscuros intereses están favoreciendo?

Yo pertenezco a la generación de pibes influenciados por Almendra, Manal, Pappo’s Blues, Pescado Rabioso, Invisible, Aquelarre, Arco Iris, Vox Dei, Los Gatos, La pesada del Rock and Roll, etc., etc., etc.….. que me dieron ganas de ser músico y de cambiar el rumbo de mi vida hacia algo mejor que la mediocridad de aquellos días. Me mostraron que entre el negro y el blanco de la “argentinidad al palo” había un hermoso arco iris… jamás me hablaron de drogas sino de despertares…
Gracias a ellos hace cuarenta años que me gano la vida honestamente como músico, gracias a ellos evolucioné como ser humano, intelectualmente, psicológicamente, espiritualmente, emocionalmente.

Los autos importados y las casas de los “countries” en las que habitan estos “Reyes Midas del rock”, las compraron gracias a ese rock argentino que puso la piedra basal de este negocio, pero parece no recordarlo. Como ya se ha dicho, sus billeteras están forradas con la “piel de los músicos”…

Mucha de la pibada de hoy está descorazonada, desconcertada, frustrada, sin ilusiones, sin sueños, sin posibilidades, no cree en un porvenir y mucho peor: ¡están muy enojados!

Es nuestra obligación, es vuestra obligación, hablarles de que un mundo mejor es posible, para lo cual deben cuidar su cerebro de las drogas y el alcohol, porque el cerebro es el templo del alma, es un regalo del misterioso universo creativo con el que nos contacta la música, la buena música.

Agradeceré la difusión al menos de este reclamo que no es sólo a título personal.

Don Vilanova, alias Botafogo.
Firma: Miguel Ángel Vilanova
DNI: 11.956.658
Mat. Prof. de Músico: N° 4. Otorgada por la Sociedad Argentina de Músicos.

A su servicio Don B. La difusión está hecha.

Basta (ya).

Arriba la luna. Y abajo seres que sólo la usamos en versos. Pero su luz ya no puede tocarnos porque nosotros, socializados, urbanizados, contaminados, la rechazamos, la reemplazamos y la prostituímos a nuestro antojo.

Hoy la luna está llena y creo que la tierra está vacía.

Allá, completitud, vacío.

Acá, cantidad.

Y agachamos la cabeza ante el canto espontáneo.

Y esperamos algún aturdidor bramido artificial para proferir nuestro canto siempre reprimido, de modo que sólo resuene su vibración en nuestros tímpanos y en los de nadie mas. ¿Y debemos conformarnos con ese desahogo, si es que lo consideramos como tal?

Vaya optimismo. ¿A eso hemos llegado? ¿Eso es evolución?

¿Progreso?

¿Avance?

¿De verdad necesitamos aislarnos para encontrarnos? Qué manera de malgastar nuestra capacidad de raciocinio. Qué manera de subestimar nuestra posibilidad de relacionarnos.

Luego, miradas atónitas no se explican cómo esa persona que pasó por su lado puede llevar esa sonrisa encima, desentonando con todo el mundo, como diría Libertad.

Entonces no quiero ya mas agachar la cabeza y esperar el estruendo para desnudar mi ser. ¡Basta ya de tener que maquillar el espíritu!

¡Que cada momento sea un renacer, un volver a conocerse!

Basta ya de opacar, de oprimir mentes, de asesinarlas antes de nacer. Basta de reprimirnos con el miedo, de controlarnos con la ignorancia.

Y arriba la luna, llena. Pero quién lo sabe si tantos apenas llegan a descubrir algun claro del cielo entre tanto gigante gris pintado.

De repente una pluma se desprende de un ave que quién sabe con qué fin emprendía su rutinario (o no) vuelo y comienza a planear discretamente delante de mis ojos. Entonces, pienso.

No creo bajo ningún punto de vista que esa pluma nos esté advirtiendo nada acerca de su soledad, ni mucho menos. Descreo absolutamente de cualquier teoría simplista que nos diga que esta pluma esté padeciendo del destierro, del exilio involuntario, o penando el desarraigo. Ridículos aquellos, incluso, que se atrevan a insinuar la muerte de aquella.

Lo que yo veo cuando veo esa pluma que se eleva, desciende y vuelve a emprender vuelo, es, hablando a grandes rasgos, un manifiesto de libertad. Es pluma ya no es mas una entre tantas otras plumas, esa pluma ahora es lo que siempre quiso ser. Es pluma y es libre. Esa pluma, pequeña pluma, insignificantemente pluma, acaba de nacer.

Entonces vuela. Vuela y consuma su acto de felicidad. Vuela y se enrieda con la apacible brisa, entre ellas confrontan, se cruzan, se adoran, se odian, se hacen el amor para luego volver a separarse y perderse en el anonimato que otrora los unió.

Pero el viaje se acerca a su fin. Consciente, quizás, de tal próximo desenlace, la pluma no acarrea lamento alguno. Si pudiésemos descubrir en ella un rostro, seguramente tendríamos delante nuestro una sonrisa de alivio, una sonrisa de fin de semana, una sonrisa completa. Nada ni nadie, ni escobas ni suelas, podrá arrebatarle todo lo que supo conseguir, vivir y disfrutar.

Finalmente, cierra sus ojos, ojos de pluma y balanceándose de un lado a otro, se apoya suavemente contra el piso, y ve cómo lentamente los últimos recuerdos de su reciente epopeya se tornan borrosos, hasta desaparecer por completo, en un instante eterno.

¡Fuera de mi!

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Maldito el día que la conocí. Creo que salió de una de esas bocas de las que uno puede decir que nada interesante emanará vez alguna. No recuerdo el dónde ni el cuándo. ¡Ojalá la ciencia me brindara una máquina del tiempo para volver a ese momento de mi vida y taparme bien fuerte los oídos, tarareando a gritos cualquier melodía sólo para acentuar la defensa sonora! Tal como solía hacer uno en la infancia.

No hay lugar ya para tales lamentos. La realidad hoy es que ya es demasiado tarde. Sin advertencia, sin anestesia, sin reparo algúno siquiera. Ha pasado tiempo ya y evadirla no consigo. Miles de recetas me han facilitado, mas el olvido no procuro.

¡Justo ella! Mire que podría haber sido cualquier otra. Muchas veces a uno lo persiguen melodías encantadoras. ¡Qué gusto no tener que esforzarse en evadirlas! ¡No desvelarse en intentos de perderlas pisada! Pero no. Tuvo que ser esa y solo esa, que me persigue, me hostiga, invade mi paz y ataca mis silencios. Seguramente, como también me han sugerido, algo habré hecho para merecerla. Para ameritar que sus pasos hoy sigan mis huellas.

Una señora un tanto particular una vez me aseguró que había sido hechizado, maldecido. Una suerte de mal de ojo, pero para mis pobres oídos. Nunca fuí de creer en la existencia de estas cuestiones metafísicas; pero aseguro que cualquiera en mi lugar se lo replantearía seriamente.

No obstante, mi lucha continuará. Con intentos que acumulan fracasos, pero que no doblegarán la resistencia. ¡Fuera de mi, melodía del demonio!

La democracia es reconocida por ser un sistéma plural, que admite el sonar de distintas campanas, que da lugar a la discusión, que admite multiples libertades, y que como garante de todo esto, ofrece y permite ciertos procedimientos a partir de los cuales la población que eligió (o no) a sus representantes puede manifestar su desacuerdo en momentos en los que no ven representados sus intereses. Todo eso, al menos, en la teoría.

Hace un par de días comentabamos la disputa entre Clarín y el gobierno de turno en torno al tratado de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales. En sí es casi de público conocimiento que el multimedio de Clarín es la gran voz de la oposición: antes de la disputa concreta de la mencionada ley, podíamos ver como se sacaba la careta al nacer la coyuntura campo – gobierno (luego de la famosa 125), poniéndose claramente al frente del pelotón formado por las entidades agrarias y los millonarios intereses que implican.

Hoy es imposible de pasar por alto la artillería pesada que se está poniendo en juego como el último recurso por doblegar la inminente sanción de una ley que nuevamente pone en juego intereses millonarios, a partir del desarme del monopolio multimedial de grupo Clarín.

Pero la oposición no está sólo en las redacciones y en las imprentas: en el día de hoy vemos al “pueblo” manifestándose en la ciudad, en el llano, expresando espontáneamente su descontento con lo que está pasando. El pueblo se manifestó una vez más golpeando sus cacerolas relucientes (seguro por la mañana deban comprar un juego nuevo y ocultar el estropeado), desde los balcones de sus pisos en los alrededores de las avenidas Callao, Santa Fé y Las Heras; en los barrios porteños tan representativos del total de la población como lo son Recoleta, Barrio Norte y Belgrano. Esa gente que compra Clarín para leer cómo este gobierno fascista lleva adelante un proyecto de ley que recorta la libertad de expresión, que tapa la verdad en vez de hacerla tapa.

Esa gente nefasta vuelve a alzarse contra medidas oficiales que atacan intereses económicos enormes, como podrían ser los suyos (sino los son). Esta gente nefasta se ha hecho en manos el nombre de “pueblo”, se cree voz de la población nacional. Se muestra representativa en la defensa de la libertad, cuando tras el velo se halla a cara lavada el puro interés monetario.

Esta gente nefasta son quienes siguen apoyando el avance de la derecha en el país, la gente que ya eligió a Macri, que avala la clausura de cual centro cultural independiente haya, que eligió a De Narvaez porque lo vió cómico en Tinelli, que está “con el campo” pensando que hace una obra de bien ayudando al peón que trabaja de sol a sol (o al menos jactándose de aquello). La que seguramente vote nuevamente a Macri en las próximas presidenciales. Esta gente pituca, elegante, pide que metan presos a chicos de 10, 12, 15 años. Que el que mata tiene que morir. Que con los militares estabamos mejor.

Es importante saber qué oposición tenemos para ver qué intereses avalamos al decir tal o cual cosa o a emitir tal o cual voto. El país se divide en torno a dos grandes posiblidades: la derecha o la no-derecha. Está claro que hay matices, inclusive en el gobierno actual. Si es antidemocrático votar una ley que reemplaza a otra que considera al ciudadano como enemigo interno, en un parlamento que no fue ratificado por las recientes elecciones legislativas, bienvenida la crítica. Pero allá ellá. Si esta es una ley que a la derecha le resulta incomodísima, bienvenida sea.

La pluralidad propia de la democracia a veces da escalofríos, al escuchar ciertas voces, al cabo de ver cierto sector de la población manifestándose en contra de aquello mismo gracias a lo que pueden expresarse de tal manera. Pero tal sistéma, con todas sus contradicciones y mentiras, conlleva una gran responsabilidad y tal es la de saber, retomando a Verón, las condiciones de producción de cada discurso. Al menos las mas superficiales, que tienen que ver con los intereses mas directos, que generalmente son económicos. A partir de conocerlos, se debe proceder a la digestión (o indigestión) de cada discurso. De ahí en adelante, se planta la discusión para quien venga a oponerse a la frase “LEY DE MEDIOS YA!”.

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