Cuando sea grande quiero que mi casa no tenga espejos
Cuando sea grande
quiero que mi casa no tenga espejos,
ni en los baños ni en las habitaciones
en ningún lugar
nada que me devuelva una versión obtusa
de lo que yo mismo
pienso de mi
años atrás fantaseaba
con un cuarto lleno de espejos:
techo,
paredes,
sólo espejos.
Pretensión ostentosa
más cargada de ego y Narciso
que de inocencia infantil.
Cuando sea grande quiero que mi casa
no tenga espejos, mucho menos
aquellos parecidos a los de mi abuela
erguidos solemnes sobre aparadores
cargados de fotos que
viejas, grises
complotan con la imagen reflejada
devolviendo una mirada anciana y triste.
Abogo por la emancipación
de hombres y mujeres;
por su independencia del reflejo
cuando
sea grande
quiero que mi casa no tenga
espejos
delatores oportunistas
aprovechan defensas bajas
y dan duros golpes
con la impunidad propia de un espejo.
Prefiero la lagaña indiscreta
a la disciplina de los espejos;
la pasta de dientes en el bigote
o una mala combinación de prendas
será más auténtico
que el adiestramiento de los espejos, por eso,
cuando sea grande,
mi casa
NO
tendrá espejos y con coraje
sufriré cientos de años de mala suerte
por romper todo espejo
que en mi camino aparezca
cuando sea grande quiero que mi
casa no tenga
espejos y en lugar de un espejo
poner sobre el lavabo una rosa
o un cuadro de Picasso
y cada mañana comenzará
sin esa horrible costumbre
de querer cambiarse a uno, y tratar
de adivinar que piensa ese otro
que nos mira de la misma forma
que nosotros creemos que miramos
Y no tendré automóvil, pues ahí
los malditos son reglamentarios.
Pero en esto soy inflexible:
cuando sea grande quiero
que mi casa
no tenga espejos.
Del otro lado del mosquitero, Idea Vilariño:
Cuando compre un espejo para el baño
voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decíme
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez-mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.
8 noviembre, 2011 a las 14:48